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Por qué en Galicia el termo no se muere de cal, se muere de ánodo

La respuesta corta

El agua gallega es blanda porque el subsuelo es granítico y el granito apenas aporta calcio. Eso no protege el termo: lo deja sin la capa de carbonatos que frena la corrosión. El CTE llega a exigir un mínimo de 32 mg/l de calcio en agua caliente para el acero galvanizado, y el RD 3/2023 obliga a dejar el agua ablandada por encima de 55 mg/l. Aquí el termo no se muere de cal: se muere el día que se acaba el ánodo.

Dos manos sujetando una carraca junto a un maletín abierto con llaves, vasos, alicates y puntas ordenados

Agua blanda y agua dura: qué se mide y dónde se consulta

La dureza del agua es la cantidad de calcio y magnesio que lleva disueltos. Se expresa en miligramos por litro de carbonato cálcico, y también en grados franceses: un grado francés equivale a diez miligramos por litro. Es el número que decide si tu termo se va a morir de cal o de corrosión, y es un dato público que puedes consultar sin pagar nada.

Conviene empezar por una sorpresa. La norma española no clasifica el agua en blanda, dura o muy dura: esa escala de tres casillas que circula por las webs de descalcificadores no está en ningún reglamento. Lo que hace el RD 3/2023 es meter la dureza total en el anexo I, parte F, «Caracterización de las aguas», con un valor de referencia de 500 mg/l de carbonato cálcico, y poner en la misma tabla el calcio en 100 mg/l, el magnesio en 30 y el potasio en 10. Son valores para caracterizar el agua, no límites sanitarios.

Lo interesante de esa tabla está en la nota al pie, y es justo lo contrario de lo que se cuenta en las tiendas. Para las aguas desalinizadas o ablandadas, el mismo real decreto fija un valor paramétrico mínimo de 55 mg/l de carbonato cálcico. Es decir: la norma se preocupa de que el agua no acabe siendo demasiado blanda y obliga a remineralizar lo que se ha ablandado. Ese suelo no está por capricho.

El agua toma la dureza del terreno que atraviesa. La caliza se disuelve y aporta carbonato cálcico; el granito, que es lo que hay debajo de casi toda Galicia, aporta muy poco. De ahí sale el agua blanda de aquí, y de ahí sale también que un descalcificador en A Coruña, Vigo u Ourense resuelva un problema que no tienes.

En esta guía no vas a encontrar la dureza concreta de tu concello. Al cerrarla no pudimos verificarla en la fuente oficial, y publicar un número de dureza copiado de una web comercial sería exactamente lo que este sitio no hace. Lo que sí podemos darte es el camino para sacarlo tú en cinco minutos.

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    Entra en el acceso ciudadano del SINAC, el sistema de información del Ministerio de Sanidad, y selecciona comunidad autónoma, provincia, municipio y localidad.

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    Busca los últimos resultados notificados de dureza, calcio, magnesio y potasio de tu red de distribución: el RD 3/2023 obliga al Ministerio a ponerlos ahí, siempre que el operador los haya notificado.

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    Si el SINAC no responde, ve a la web de tu operador de agua o de tu ayuntamiento. El mismo real decreto obliga a la administración local o al operador de la red a publicar en su portal la dureza, el calcio, el magnesio y el potasio, actualizados al menos una vez por semestre, y también los boletines de análisis con su fecha de muestreo.

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    En esos boletines, mira además el índice de Langelier, que es un parámetro indicador del anexo I. Ese número dice más sobre la vida de tu termo que la dureza sola.

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    Apunta la dureza en miligramos por litro de carbonato cálcico. Si te la dan en grados franceses, multiplica por diez.

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    Si tu agua no viene de red sino de pozo o de traída vecinal, no hay boletín que consultar: ahí el análisis se paga y se hace, porque es justo el caso en el que el ánodo se va antes de tiempo.

NormaQué fija sobre la mineralizaciónValor
RD 3/2023, anexo I, parte F, tabla 7Dureza total, valor de referencia500 mg/l CaCO₃
RD 3/2023, misma tabla, nota 1Mínimo en aguas desalinizadas o ablandadas55 mg/l CaCO₃
RD 3/2023, anexo I, parte F, tabla 7Calcio, valor de referencia100 mg/l
RD 3/2023, anexo I, parte C, tabla 3Índice de Langelier, parámetro indicador± 0,5 unidades de pH
CTE DB-HS 4, tabla 6.1Calcio mínimo, acero galvanizado en agua caliente32 mg/l
CTE DB-HS 4, tabla 6.2Dureza total mínima para tubo de cobre5 °F, o sea 50 mg/l CaCO₃

Las tablas del CTE hablan de tuberías, no de la cuba del termo. Se citan porque ponen por escrito lo que nadie dice al vender un descalcificador: que por debajo de cierta mineralización el agua deja de ser inofensiva para el metal y pasa a necesitar tratamiento.

Por qué el agua blanda es más agresiva con la cuba, y no menos

Un agua con calcio y bicarbonatos deposita sobre el metal una película finísima de carbonato cálcico. No es la cal que hay que picar: es una capa de unas pocas micras que separa el acero del agua y frena la corrosión desde el primer día de servicio. Un agua sin calcio no puede formarla, y el metal trabaja desnudo durante los quince años que dura el aparato.

Ese equilibrio tiene nombre, tiene fórmula y está en la norma. El índice de Langelier compara el pH real del agua con el pH al que esa agua estaría saturada de carbonato cálcico. Positivo significa tendencia a depositar; negativo, tendencia a disolver lo que encuentre. El RD 3/2023 lo recoge como parámetro indicador de calidad con un valor de ± 0,5 unidades de pH, y sus notas lo dicen sin rodeos: el agua no podrá ser en ningún momento ni agresiva ni incrustante.

El CTE va por el mismo camino, y lo hace para el caso concreto de las instalaciones. El Documento Básico HS 4 ordena valorar la agresividad del agua con el índice de Langelier en el acero galvanizado y con el índice de Lucey en el cobre, y considera agresivas para el cobre «las aguas dulces y ácidas». No es una teoría de instalador: es el código con el que se proyecta la fontanería de tu edificio.

Que el propio código ponga mínimos por abajo es la prueba definitiva. Para el tubo de cobre, su tabla 6.2 exige una dureza total de al menos 5 grados franceses, un pH de 7,0 como mínimo y un índice de Langelier positivo, y añade entre paréntesis «no aguas dulces». Para el acero galvanizado en agua caliente, la tabla 6.1 pide un mínimo de 32 mg/l de calcio y una resistividad entre 2.200 y 4.500 ohmios por centímetro. Por debajo de esos números, el CTE dice que el agua necesita tratamiento.

El vitrificado no es una armadura

La cuba de un termo eléctrico es chapa de acero al carbono recubierta de esmalte vitrificado, un vidrio cocido sobre el metal a temperaturas muy altas. Protege muy bien, pero no es una capa continua perfecta y nadie en el sector pretende que lo sea: quedan microporos, y quedan los bordes de la soldadura, de la boca de la brida y de las tomas de entrada y salida, que son las zonas donde el esmalte llega más fino.

En esos puntos el acero toca el agua. Ahí empieza todo, y ahí es donde trabaja el ánodo. Si el esmalte bastara, los fabricantes se habrían ahorrado la barra de magnesio y el agujero de la brida hace cincuenta años.

La conductividad, el matiz que casi nadie cuenta bien

Aquí hay que ser preciso, porque la versión simplificada que circula por internet es falsa. Un agua poco mineralizada conduce peor la electricidad, y eso, por sí solo, no acelera la corrosión: la frena. Lo que estropea el agua blanda no es la velocidad de la corrosión, es la eficacia de la protección.

Un ánodo de magnesio protege por conducción iónica a través del agua del depósito. En un agua de baja conductividad su alcance se acorta: cubre bien lo que tiene al lado y llega mal a las zonas alejadas de la cuba, que suelen ser justo las que tienen el esmalte más castigado. El efecto práctico es el de un ánodo más pequeño que el que compraste.

Súmale que no hay capa de carbonatos que tape los microporos y tienes el cuadro completo: menos protección activa y ninguna protección pasiva. Por eso los fabricantes que venden en zonas de agua blanda ofrecen sistemas híbridos, y no porque el agua muerda más fuerte.

Qué es el ánodo de sacrificio y qué pasa cuando se acaba

Dentro del depósito, roscada casi siempre en la misma brida que sujeta la resistencia, hay una barra de magnesio. Está ahí para corroerse ella. El magnesio es más electronegativo que el hierro, así que cuando los dos comparten la misma agua y están unidos eléctricamente, el que cede electrones y se disuelve es el magnesio. Mientras quede barra, el acero de la cuba no se oxida.

Se llama protección catódica de sacrificio y no es una invención comercial del sector del termo. El propio CTE, al hablar de redes enterradas, manda «realizar una protección catódica, con ánodos de sacrificio y, si fuera el caso, con corriente impresa». Las dos tecnologías que vas a leer en la ficha técnica de cualquier termo son exactamente esas dos, aplicadas a un depósito de ochenta litros en vez de a una tubería bajo la acera.

El magnesio no es el único material posible. Hay ánodos de aluminio, que se consumen más despacio y se comportan mejor en agua muy caliente; el CTE los menciona al regular los tratamientos electrolíticos, donde obliga a montarlos en el último acumulador de la serie. En termos domésticos vendidos en España lo normal sigue siendo el magnesio, y en casi todos es una pieza de consumo que alguien tiene que mirar.

Y aquí llega la parte que convierte esto en un problema de verdad: un ánodo agotado no da ningún síntoma. El agua sale igual de caliente, el consumo no cambia, no gotea nada y el termostato responde como siempre. Lo que pasa dentro es que la corrosión, que hasta ese día se comía la barra, empieza a trabajar sobre los microporos del esmalte.

Tarda meses o años según por dónde empiece, y termina siempre igual: una perforación de la cuba. Eso no se suelda, no se parchea y no entra en ninguna reparación posible. Es el final del aparato, y la forma en que se anuncia es agua saliendo por debajo de la carcasa un martes por la mañana.

Ese contraste es el motivo entero de esta guía. Una resistencia quemada se cambia por 110 €; un termostato, lo mismo. La cuba es el único componente del termo que no tiene recambio, y el ánodo es la única pieza que la protege.

Magnesio, titanio y cuba sin ánodo: qué monta cada termo

Hay cuatro formas de proteger una cuba en el mercado doméstico, y conviene saber cuál lleva la tuya antes de discutir ningún precio. El dato está en la ficha técnica del modelo, en la línea del ánodo, y en nuestro catálogo lo publicamos en todas las fichas precisamente por esto.

El ánodo de magnesio es una pieza de consumo: se gasta, se revisa y se cambia. Lo monta la mayoría de los termos de gama media y baja, y funciona perfectamente siempre que alguien lo mire cada cierto tiempo. Algunos fabricantes montan dos, o uno de gran tamaño, que es la forma barata de alargar el intervalo sin cambiar de tecnología.

El titanio con corriente impresa funciona al revés y no se consume. Una pequeña fuente electrónica inyecta de forma continua la corriente que mantiene la cuba protegida, y el titanio hace solo de electrodo. No hay pieza que cambiar nunca, pero hay electrónica que puede fallar y, sobre todo, hay una condición que casi nadie te cuenta al venderlo: el termo tiene que estar enchufado para proteger. Un termo de corriente impresa con el magnetotérmico bajado seis meses en una casa cerrada no está protegido durante esos seis meses.

El híbrido resuelve exactamente el problema gallego. Combina el titanio con corriente impresa y un apoyo de magnesio, para seguir protegiendo cuando el agua es tan poco conductora que la corriente impresa sola no reparte bien. Es la tecnología que los fabricantes describen para aguas de baja conductividad, y esa descripción es la del agua que tenemos aquí.

Y hay una cuarta vía, más cara y menos frecuente: la cuba de acero inoxidable, que no lleva ánodo porque no lo necesita, y que aparece sobre todo en acumuladores grandes.

Lo que cuesta el salto depende del modelo, y a veces cuesta mucho menos de lo que la gente supone. Con los precios de aparato de nuestro catálogo a septiembre de 2026, en 100 litros un Thermor Concept con ánodo de magnesio está en 230 € y el Duralis con protección híbrida en 235 €: cinco euros de diferencia. En cambio, un Ariston Velis Pro de magnesio está en 355 € y el Velis Tech Dry de corriente impresa en 465 €, ciento diez euros más. No hay una regla: hay que mirar el modelo concreto, y para eso está el comparador de qué termo necesitas.

Compensa pagar el salto en tres situaciones claras. En una casa de temporada, donde nadie va a revisar nada y el agua se queda parada meses. En una vivienda donde el termo está en un sitio que hace incómodo vaciarlo, como un falso techo o un altillo. Y en cualquier compra en la que la garantía larga de cuba forme parte de la decisión. No compensa en un termo básico de 50 litros para una persona sola: ahí el aparato entero cuesta menos que la diferencia.

Protección de la cubaSe consumeMantenimientoNecesita corrienteDónde encaja
Ánodo de magnesioSíRevisión y cambioNoVivienda habitual con quien lo revise
Doble ánodo o ánodo de gran tamañoSí, más despacioRevisión y cambioNoAlarga el intervalo sin cambiar de tecnología
Titanio con corriente impresaNoNinguno en el ánodoSí, el termo enchufadoUso continuo y conductividad normal
Híbrido: titanio más apoyo de magnesioEl magnesio, muy despacioPrácticamente ningunoSíAgua blanda y poco conductora
Cuba de acero inoxidableNo hay ánodoNingunoNoAcumuladores grandes, precio alto

El tipo de protección viene siempre en la ficha técnica del modelo, en la línea del ánodo. Si no aparece en ningún sitio, asume magnesio y revísalo.

Dos mandos cromados de una grifería empotrada sobre una pared de azulejo blanco
La grifería empotrada esconde el cuerpo dentro del tabique. Queda limpia de ver, pero obliga a dejar registro: el día que pierda, hay que poder llegar sin picar la pared entera.

Cada cuánto se revisa, y por qué nadie puede darte una cifra exacta

Aquí es donde casi todo el sector simplifica hasta faltar a la verdad. El ánodo no se gasta por calendario: se gasta por la cantidad de agua que ha pasado por el depósito y por lo agresiva que sea esa agua. Un termo de 80 litros en un piso de dos personas y otro idéntico en una casa de cinco no llegan al mismo punto el mismo año, aunque se instalaran el mismo día.

Lo acelera siempre lo mismo: mucho gasto diario, temperatura de acumulación alta, agua de pozo o de traída vecinal sin tratar, y agua muy poco mineralizada. Por eso la única respuesta honesta a «¿cada cuánto?» es esta: la primera vez, a los dos años; a partir de ahí, según lo que se haya encontrado en la primera.

Hay un criterio que no es opinable y que puede decidir por ti, y es el del fabricante. Varias marcas condicionan la garantía de cuba a que la revisión exista y esté documentada. En nuestro catálogo, el Cointra TNC Plus da tres años de cuba con revisión anual del ánodo desde el segundo año, y el Saunier Duval AvantiaAqua da cinco con revisión anual desde el tercero. Si has pagado por una garantía larga y no guardas las facturas, esa garantía no existe el día que la vas a necesitar.

Cómo se sabe que está gastado: sacándolo y mirándolo. No hay atajo, no hay aparato de medida doméstico y no se deduce del agua del grifo. Un ánodo nuevo es una barra lisa, del grosor de un dedo. Uno a mitad de vida está comido a mordiscos, con la superficie irregular y el diámetro claramente reducido. Uno agotado es el alma de acero desnuda, un alambre con cuatro restos de magnesio pegados.

La regla de decisión es simple: si queda menos de la mitad del diámetro original, se cambia; si está entero, se vuelve a montar y no hay recambio que cobrar. Esa es la parte del trabajo que conviene preguntar por teléfono antes de encargarlo, porque distingue a quien revisa de quien vende ánodos.

Hay señales indirectas que no sustituyen a la inspección pero la aconsejan: el agua caliente que empieza a oler, un agua que sale turbia o con partículas oscuras los primeros segundos, y el ruido de arenilla al calentar. Ninguna de las tres dice «el ánodo está agotado». Las tres dicen «hay que abrir y mirar», que es distinto y más barato que esperar.

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    Corta la corriente del termo en el cuadro, no solo con el interruptor del aparato.

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    Cierra la llave de entrada de agua fría y deja que el termo se enfríe. Si acaba de calentar, dentro hay agua a 60 grados.

  3. 3

    Abre un grifo de agua caliente de la casa para que entre aire y el depósito pueda vaciarse.

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    Vacía por la purga del grupo de seguridad o soltando el latiguillo, con un desagüe capaz de tragar todos los litros del aparato.

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    Desmonta la brida, saca el ánodo y míralo contra uno nuevo. Aprovecha para arrastrar el sedimento del fondo, que solo sale con el depósito abierto.

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    Monta con junta nueva, nunca reutilizando la vieja, y aprieta en cruz según el par que indique el fabricante.

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    Llena con un grifo de agua caliente abierto hasta que salga agua continua y sin aire, y solo entonces devuelve la corriente.

El olor a huevo podrido: qué es y por qué aparece en las casas cerradas

Es la consulta más repetida de las casas de temporada y tiene una explicación química exacta. El agua trae bacterias sulfatorreductoras, que necesitan dos condiciones para trabajar: agua quieta y poco oxígeno. Dentro de un termo que lleva semanas sin usarse tienen las dos servidas.

Esas bacterias reducen los sulfatos del agua, y el hidrógeno que libera el ánodo de magnesio al corroerse completa la reacción. El producto es sulfuro de hidrógeno, un gas que se huele en concentraciones ínfimas y que huele exactamente a huevo podrido. Por eso el olor aparece casi siempre con los mismos tres ingredientes juntos: ánodo de magnesio, agua estancada y termostato bajo.

La temperatura es la palanca más fácil y la más barata. Un termo a 45 grados está en la peor franja posible; a 60 la reacción se frena mucho. El RD 487/2022 sitúa la multiplicación de la Legionella entre 20 y 50 grados, con el óptimo entre 35 y 37, así que un termostato bajo no solo trae olor.

El arreglo, por orden de coste: sube el termostato a 60 grados y dale una semana. Si sigue oliendo, vacía y limpia el depósito, que es donde está el sedimento que alimenta el proceso. Si vuelve después de eso, el problema es el ánodo de magnesio, y la salida es cambiarlo por uno de aluminio si el fabricante lo ofrece para ese modelo, o plantear un termo de corriente impresa cuando toque renovar.

Legionela: qué dice la norma y a quién se le aplica de verdad

Conviene separar la norma de la publicidad, porque este es el argumento con el que más contratos de mantenimiento se venden. El RD 487/2022 regula la prevención y el control de la legionelosis, y su artículo 3.2 dice literalmente que «quedan excluidas del ámbito de aplicación de este real decreto las instalaciones ubicadas en edificios dedicados al uso exclusivo de vivienda, siempre y cuando no afecten al ambiente exterior de estos edificios».

Traducido: el termo de tu casa no está sujeto a ese real decreto y nadie puede obligarte por esa vía a contratar nada. El mismo artículo deja una puerta abierta que también hay que contar: ante la sospecha de un riesgo para la salud de la población, la autoridad sanitaria puede exigir las medidas de control que considere oportunas.

En las instalaciones que sí están sujetas, la norma es concreta y no se parece a un termo doméstico. La temperatura de servicio del agua caliente sanitaria se sitúa entre 55 y 60 grados, los acumuladores tienen su programa de limpieza y desinfección documentado, y el real decreto se apoya en la norma UNE-EN 12897 para los depósitos de acumulación de entre 250 y 750 litros. Un termo de 80 o 100 litros en una vivienda queda fuera de ese rango y fuera de esa exigencia.

Y hay una frase del preámbulo que conecta directamente con todo lo anterior. Entre los factores que propician la proliferación de la bacteria, el real decreto enumera el estancamiento, los biofilms, las incrustaciones calcáreas, la corrosión y los precipitados minerales. Un termo con la cuba corroída por dentro no es solo un termo a punto de perforarse: es un termo con más superficie donde se agarra todo lo demás.

Si alquilas una vivienda a turistas, la pregunta de si estás sujeto no la resuelve esta guía: depende de si el edificio es de uso exclusivo de vivienda y de lo que diga tu autoridad sanitaria autonómica. Lo que sí sabemos es lo práctico, y está en el servicio de termo para alquiler turístico: rotación alta, semanas de cierre y agua parada entre huéspedes son la combinación que más castiga al ánodo.

Termo eléctrico blanco colgado en alto en un baño de mármol claro, con los dos latiguillos bajando y la lavadora debajo
Encima de la lavadora es un sitio habitual y buen sitio, pero pide dejar hueco por delante: el día que haya que descolgar el termo, nadie quiere tener que sacar antes el electrodoméstico.

La cal, aunque aquí haya poca: dónde aparece igualmente

Que el agua sea blanda no significa que dentro del termo no haya nada: significa que lo que hay es distinto y que aparece en otro sitio. La incrustación no depende solo de la dureza del agua: depende de la temperatura de la superficie sobre la que precipita. Una resistencia blindada va sumergida y su vaina trabaja bastante por encima de los 60 grados del agua que la rodea, así que sobre esa superficie precipita carbonato aunque el agua sea pobre en calcio. Es el punto del termo donde aparece cal en Galicia, y prácticamente el único.

Una resistencia incrustada aísla. El calor tarda más en pasar al agua, el termostato tarda más en ver la temperatura de consigna y la propia resistencia se calienta más de lo que debería, que es como se acaban quemando. Si el tuyo tarda cada vez más en calentar, esta es una de las causas a descartar.

Los termos de resistencia envainada o cerámica no tienen ese problema, porque el elemento va dentro de una vaina seca y no toca el agua. Tienen además una ventaja práctica que casi nadie valora al comprar: se cambian sin vaciar el depósito, lo que convierte una avería de media mañana en una de media hora.

Lo que sí se acumula en el fondo de los termos gallegos no suele ser caliza dura, sino arenilla, óxido arrastrado de tuberías viejas y restos de la propia corrosión interna. En casas con pozo o con traída vecinal, bastante más. Ese lodo roba volumen útil, tapa la purga del grupo de seguridad y hace el ruido de piedras que se oye al calentar. No se pica: se arrastra con el depósito abierto, en la misma intervención en la que se mira el ánodo.

Qué cuesta revisar y cambiar el ánodo

Los precios son los nuestros en A Coruña, Vigo y Ourense, revisados en septiembre de 2026 y con IVA incluido. Los publicamos porque una revisión de ánodo no se puede decidir sin saber lo que vale, y porque la alternativa habitual es un presupuesto por teléfono que cambia al llegar.

El trabajo del ánodo casi nunca va solo, y eso juega a tu favor. Cuando el depósito ya está vaciado y la brida ya está fuera, la purga del fondo y la inspección del ánodo se hacen en la misma visita y con el mismo vaciado. Pedir las dos cosas por separado, en dos visitas distintas, es pagar dos veces el mismo trabajo.

Dónde no compensa, y lo decimos antes de subir: en un termo eléctrico básico de más de diez años, de los que costaron doscientos euros en su día, gastar en purga y ánodo se acerca a la mitad de lo que cuesta un termo nuevo instalado. Ahí lo sensato es dejarlo trabajar, vigilar los racores cada pocos meses y cambiarlo entero cuando falle.

Dónde sí compensa sin discusión: en un termo de gama alta con garantía de cuba larga condicionada a revisión, porque la revisión compra la garantía de un aparato caro. En un termo de menos de cinco años, porque queda mucha vida por delante que proteger. Y en una casa de temporada o en una vivienda con pozo o traída vecinal, donde el agua trae más carga y el ánodo se va antes de lo que dice cualquier manual.

El detalle del trabajo está en mantenimiento y ánodo, la tarifa completa en precios y el resto de lo que hacemos en servicios. Si prefieres que lo miremos antes de decidir nada, la visita de diagnóstico se descuenta entera y se pide en contacto.

TrabajoPrecioQué incluye
Visita de diagnóstico45 €Se descuenta entera si el trabajo se encarga
Cambio de ánodo de magnesiodesde 75 €Vaciado, extracción, limpieza del fondo y llenado
Limpieza y purga del depósito85 €Arrastre del sedimento con la brida desmontada
Cambio de grupo de seguridaddesde 65 €La avería más frecuente del aparato
Cambio de resistencia y termostatodesde 110 €Mano de obra y piezas de un termo estándar
Instalación estándar de termo145 €55 € más a partir de 150 litros

Septiembre de 2026, IVA incluido, para A Coruña, Vigo y Ourense. La revisión del ánodo no se cobra aparte si se hace junto con la purga: el vaciado es el mismo.

De dónde salen los datos

Guía de Galitermos, actualizada el 23 de septiembre de 2026. Revisamos estos contenidos cuando cambian los datos de los que dependen, no por rutina: la fecha de arriba es de contenido, no de despliegue.

Hasta aquí la teoría

Si lo que tienes delante es un termo que hay que cambiar, la parte práctica es una llamada: qué modelo tienes, dónde está colgado y cuánto cuesta el nuevo puesto.

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Preguntas sobre esto

¿Cada cuánto hay que cambiar el ánodo del termo en Galicia?

No hay una cifra universal, y quien te la dé sin haber abierto el termo se la está inventando. El consumo del ánodo depende del agua que pasa por el depósito y de lo poco mineralizada que sea. Lo razonable es mirarlo a los dos años y decidir el siguiente intervalo con lo que se vea: si está entero, se vuelve a montar y no hay recambio que pagar.

¿Cómo sé la dureza del agua de mi municipio?

Por dos vías oficiales. La primera es el acceso ciudadano del SINAC, donde el Ministerio de Sanidad publica por municipio los últimos resultados de dureza, calcio, magnesio y potasio notificados por el operador. La segunda es la web de tu operador o ayuntamiento: el RD 3/2023 le obliga a publicar esos mismos parámetros actualizados al menos una vez por semestre.

¿Me conviene un descalcificador en A Coruña, Vigo u Ourense?

Salvo caso raro, no. El subsuelo gallego es granítico y el agua sale con poco calcio, así que hay poca cal que quitar. Y hay un argumento normativo: el RD 3/2023 obliga a que el agua ablandada se quede por encima de 55 mg/l de carbonato cálcico, precisamente para que no acabe siendo agresiva con la instalación.

El agua caliente huele a huevo podrido. ¿Es peligroso?

Es sulfuro de hidrógeno, producto de las bacterias sulfatorreductoras del agua estancada reaccionando con el hidrógeno del ánodo de magnesio. Se huele en cantidades ínfimas, por eso resulta tan escandaloso. Esta guía no da consejo sanitario: lo que sí se puede decir es que se corrige subiendo el termostato a 60 grados, limpiando el depósito y, si vuelve, cambiando el tipo de ánodo.

¿Puedo poner un ánodo de titanio en el termo que ya tengo?

Solo si el fabricante lo ofrece como recambio compatible con ese modelo, y no es lo habitual. La corriente impresa necesita su electrónica y su alojamiento, así que en la práctica se decide al comprar el aparato. Lo que sí puedes hacer en un termo existente es cambiar el ánodo de magnesio por uno de aluminio cuando el fabricante lo contemple.

¿Me obliga alguna ley a revisar el termo de mi vivienda?

No. El artículo 3.2 del RD 487/2022 excluye de su ámbito las instalaciones de edificios dedicados al uso exclusivo de vivienda, siempre que no afecten al ambiente exterior. Quien sí te obliga es el fabricante cuando condiciona la garantía larga de cuba a revisiones documentadas del ánodo, y esa condición se lee antes de comprar, no después.

Instaladores de termos eléctricos, y solo eso

En A Coruña, Vigo y Ourense instalamos, cambiamos y reparamos termos eléctricos y de bomba de calor. No es una de las cosas que hacemos: es la única. Trabajamos con 7 marcas con servicio técnico oficial en Galicia —Ariston, Thermor, Fleck, Bosch, Cointra, Vaillant, Saunier Duval— y con el precio instalado publicado antes de que llames.

Dos manos apretando un racor de latón entre tubos de acero, con el aislante plateado del techo detrásMaletín de herramientas abierto en el suelo, con llaves fijas, vasos y puntas ordenadosLavabo de porcelana sobre un pie de hierro fundido, con grifería de latón, espejo y apliques en un aseo alicatado
  • Solo termos eléctricos

    No hacemos calderas de gas, ni reformas de baño, ni fontanería general. Solo termos eléctricos y de bomba de calor. Por eso sabemos de memoria qué ánodo lleva cada gama, cuál entra en un armario de cocina y cuál se queda corto para tres duchas seguidas.

  • El precio, antes de subir

    La mano de obra de una instalación estándar son 145 € y está publicada en esta web. Con una foto de la placa del termo que tienes y otra del hueco, se cierra el precio final por teléfono. Ese es el que se paga.

  • Lo montamos, no lo vendemos y ya

    Llegamos con el aparato, el grupo de seguridad, los latiguillos y la tornillería. El termo se cuelga a plomo sobre pared maciza, se llena, se purga y no nos vamos hasta verlo calentar. El viejo baja con nosotros.

  • Garantía firmada

    2 años sobre la instalación, por escrito y en la factura, además de la del fabricante sobre el aparato. Con el modelo y el número de serie anotados, que es lo que te van a pedir si algún día hay que reclamar.

Dinos qué termo tienes y te decimos el precio del nuevo, puesto.

Con una foto de la placa de características y otra del hueco se cierra el precio sin visita previa. Si al llegar apareciera algo que no estaba previsto, se para y se consulta antes de tocar nada.

Retirada y reciclaje del termo viejo incluidos · 2 años de garantía de instalación · L-V 8:00-20:00

Precio instalado en 2 minutosSin compromiso y sin visita previa
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